viernes, 20 de febrero de 2015

Experiencias que llenan el Alma, Circo con niños, niñas y adolescentes, con necesidades educativas especiales.

La definición que he ido proponiendo del Circo Social, “Es el traslado de las técnicas de Circo, desde las carpas multicolor a espacios comunitarios, para ser utilizada como una herramienta que promueve y potencia el desarrollo de habilidades físicas, artísticas y sociales, en niños, niñas, jóvenes, su familia y la comunidad”, ampliándolo a la utilización como un medio de transformación social, desarrollando habilidades para la vida.

Siempre desde una visión de que el Circo, cambia la vida de quien tiene la oportunidad de aprender, como también de aquel que tiene la posibilidad de enseñar; sin embargo en este largo viaje que he ido trazando con el Circo Social, me he ido encontrando con nuevas sonrisas, nuevos rostros, que me han ido sorprendiendo y guiando mi forma de entender el poder que tiene el Circo Social.

Es así que pude ser parte de una experiencia, que me permitió reconocer la fortaleza que tiene el circo, como una herramienta integradora, creativa, donde todos y todas podemos ser parte, levantando una experiencia con otro colega psico-circense, con niños, niñas y adolescentes con necesidades educativas especiales.

Desde que llegue al Circo Social, siempre he creído que todos y todas pueden hacer Circo, que al fortalecer el YO PUEDO, puedo cambiar mi realidad, aprendiendo a hacer malabares con 3 pelotas, a hacer una figura en el trapecio o a hacer reír con los juegos del payaso; sin embargo esta experiencia  fue mucho mas que eso, ya que además de aprender a sonreír, me volví a sorprender de las infinitas posibilidades que puede ofrecer el Circo Social.

Debo reconocer, que esta experiencia, realizada en el Colegio Paul Harris, se transformo en un desafío, que me hizo volver a replantear muchas de las dinámicas, juegos y planificaciones que he ido utilizando en las formas de enseñar y aprender el Circo, y fue así que comencé a hacer, probar, aprender, reflexionar y sorprenderme, de cómo iban aprendiendo a hacer malabares, a encontrar su payaso interior (aunque creo que eran unos payasos del alma) y a comenzar a realizar ejercicios en la tela.

Con una energía única, que nos planteaba la necesidad de cambiar de actividad cada 15 minutos, pero también de repetir la metodología, para encontrar una cierta estructura, que los pudiera guiar, hacia el objetivo final, de desarrollar la creatividad a través del aprendizaje de las técnicas circenses.

Cada sesión, era una aventura nueva, de probar, de sorprender, de desafiar a cada participante, para que buscara en sí mismo sus habilidades, sus motivaciones, su personaje. Ese sentido de grupalidad, que se plantea al momento de hacer circo social, aparecía en todo momento, soy del Circo Paul Harris, era un constante en el discurso de cada uno de los participantes.

La tolerancia a la frustración y la capacidad de sorprenderse con cada avance, fue volver a la esencia, a re-aprender el Circo, y su forma de enseñar, volví al primer momento, cuando lanzar una pelota y agarrarla era un logro que había que mostrar al otr@, cuando una caminata de clown, era un descubrimiento, cuando un nudo en la tela era una avance.

Así me propuse, volver a aprender, para encontrar una metodología, que yo pensé que seria nueva, y en verdad me sorprendí, ya que no tuve que reinventar, sino que solo adaptar la metodología para hacerla acorde a esta nueva realidad.


Mentiría sino dijera que tuve miedo, que me llene de preguntas, pero creo que fue ese miedo que genero la creatividad, para construir un nuevo espacio para el aprendizaje de las técnicas del Circo. Realice el mismo proceso, 5 etapas, genere vínculos, aprendí y enseñe las técnicas, me emocione, crecí y me di cuenta que el Circo Social, transforma y nos transforma, como Formador, Artista y Persona…

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